Monstruos internos devoran el alma,
tus fuerzas se rinden a la evidencia.
Un solo camino que carga el rencor.
Pérdidas inocentes te tornan culpable,
culpable del hurto de tu propio dolor.
Reflexivo inconexo que imprime su huella.
Marca imborrable de flagrante delito,
amante alevoso del cáliz perdido.
Emoción naufragada en el mar de razón.
Ni bote,
ni cabo,
ni triste flotador.